lunes, 5 de octubre de 2015

Juan Pedro Martínez Gómez, el niño de Somosierra.


Juan Pedro, el niño de Somosierra
Ha terminado el colegio y se alegra de haber aprobado el curso, su padre le prometió que si esto sucedía le llevaría en su camión a ver las vacas pastar en Bilbao. Era uno de sus grandes sueños, poder observar a las reses en inmensos prados coloreados de un verde que su tierra murciana carecía. Vivían en Los Cánovas, pedanía de Fuente Álamo. El día de San Juan del año 1986, se marcha en el camión cisterna con su padre Andrés Martínez Navarro, camionero de profesión y en compañía de su madre Carmen Gómez Legaz.  El pequeño tiene diez años, se llama Juan Pedro Martínez Gómez, que más tarde apodarían con el sobrenombre de “Niño de Somosierra”.
 
El camión cisterna transportaba 20.000 litros de ácido sulfúrico óleum. Sale de Los Cánovas a las siete de la tarde. La familia Martínez Gómez realiza la primera parada en la Venta del Olivo, en Cieza. A las 0.12h llegan a Las Pedroñeras, Cuenca. El próximo destino es la gasolinera “Los Ángeles” en Madrid sobre las 03.00 de la mañana, allí descansan una hora aproximadamente. A las 05.30 llegan al Mesón “El Maño” en Cabanillas de la Sierra, para tomar un pequeño desayuno. Felipe Alhambra, el camarero del Bar, es uno de los testigos que los ve. Andrés toma un café solo, Carmen un café con leche y Juan Pedro un vaso de leche con una bayonesa (un dulce elaborado con hojaldre relleno de cabello de ángel). Después de 20 minutos se marchan. Felipe alcanza a ver solamente la cisterna emprendiendo de nuevo el viaje.
Carmen Gómez y Andrés Martínez

Comienza el ascenso al puerto de Somosierra a una velocidad reducida. El tacógrafo indica que en 23 minutos realiza 12 paradas. Cuando a esa hora, sobre las 06.00 de la mañana no había atascos ni retenciones en la carretera. Entonces ¿por qué tantas paradas?

La única explicación lógica sería que un vehículo iba delante del camión obligándolo a frenar e ir a esa velocidad. Coronando el Puerto, se produce la última parada de 22 segundos, la más larga de todas. A continuación, el camionero pierde el control y pone el Volvo a 140k/h. Es como si sufriera un ataque desesperado por alcanzar a alguien. Por unos segundos olvida que a sus espaldas lleva 20.000 litros de ácido sulfúrico. El descenso se convierte en un infierno, numerosas curvas se alzan en el horizonte, el camión se sale de su carril correspondiente, roza con otros camiones y se empotra en el kilómetro 95 de la nacional 1.

Una de las puertas del camión siniestrado donde se puede leer:
"Andrés Martínez. Los Cánovas. Fuente Álamo"
La cabina del camión queda atrapada bajo la cisterna, Andrés y Carmen fallecen en el acto. Los cadáveres no son rescatados hasta pasadas las nueve de la mañana. Gracias a una grieta producida en la cisterna, el ácido comienza a esparcirse por la zona y amenaza con verterse al cauce cercano del río Duratón. Gracias al personal cualificado del cuerpo de bomberos y protección civil, logran neutralizar el óleum con cal y rescatan los cadáveres que son identificados por la tarde de ese mismo día y es comunicado a la familia.

María Legaz, la abuela del niño, se le viene el mundo encima cuando recibe la noticia. Ansiosa y desesperada pregunta por su nieto, el policía extrañado le afirma que en el camión no habían encontrado ningún rastro de él.

Policías, perros adiestrados, buscaron al niño en un radio de más de 30 km de radio del lugar del accidente, pero la búsqueda fue en vano. Se pensó que Juan Pedro había podido ser disuelto en el ácido, pero pruebas químicas arrojaron una negativa a esta hipótesis. Las doce paradas de pocos segundos y la gran velocidad asumida por el camión hizo que también se supusiera algún tipo de problema mecánico, pero una revisión completa del Volvo que le costó cerca de 700.000 pesetas, ahuyenta la hipótesis de un fallo en la maquinaria o en los frenos.

Cisterna siniestrada del Volvo F-12
Se desmontaron las piezas de lo que quedó de aquel Volvo y encontraron restos de heroína. La familia Martínez Gómez no se había visto nunca envuelta en asuntos de estupefacientes ni en ambientes turbios. Juan García Legaz, el primo hermano de Carmen, toma las riendas de la investigación y contrata a un investigador privado debido al desinterés de las autoridades en el caso. Se investigaron las cuentas bancarias de la familia para comprobar si existían movimientos anómalos de dinero que evidenciaran el tráfico de drogas, sin embargo, todo estaba en orden.

Tacógrafo del camión de Andrés Martínez
Volvieron a recorrer los mismos puntos que trazaba el tacógrafo en la subida del puerto, para simular las mismas paradas y ponerse en la piel de aquel hombre que perdió el control. La policía mantiene la teoría de que el niño únicamente desapareció, pero Juan con ayuda del investigador Jorge Colomar empieza a vislumbrar otra hipótesis con mucho más peso: el niño fue sustraído de sus padres a cambio del transporte de estupefacientes.

Otros camioneros se ponen en contacto con Juan para comunicarle que no es la primera vez que sucedía el hecho de la posesión de un rehén para el transporte de sustancias. Se elige al azar a un camionero en la carretera, retienen al acompañante de éste para forzarle a llevar “un paquete” a su destino y posteriormente lo liberan. Para asegurarse que el camión actúa de intermediario, un vehículo va delante con la persona secuestrada y otro detrás vigilando sus movimientos. Al colisionar el Volvo F-12, al niño no lo podrían liberar por temor a que hablara y se descubriera su modus operandi.

En el lugar del accidente además de las dos víctimas mortales y una muy grave, había diez personas que vieron llegar una furgoneta Nissan Vanette con un hombre y una mujer. Ella se bajó diciendo que era enfermera y venía a atender al herido grave, mientras tanto su acompañante se dirige al camión siniestrado, coge algo y los dos vuelven a la furgoneta y se esfuman rápidamente. Apoyando la teoría que sostiene Juan García Legaz, estos individuos habrían venido a recuperar el “paquete” que Andrés no pudo hacerles llegar.

Los tíos y abuelos de Juan Pedro se ponen manos a la obra para hacer eco de su desaparición a través de 85.000 carteles con su imagen que son situados en centros escolares, calles, cunetas, estaciones de servicio… deseaban que el niño apareciera pero no había rastro de él.

A las pocas semanas después del siniestro, Felipe Alhambra, el camarero que los vio por última vez con vida, cambió el turno con uno de sus compañeros, éste termina su jornada y sale del bar, es atropellado y fallece en el acto. Pensaban que Felipe habría muerto.

Dionisio Sánchez, de Bilbao, afirmó que había visto al niño en dicha provincia y que  tenía información sobre dónde poder encontrarlo. Juan García Legaz insistió en hablar con él en persona, pero Dionisio dio negativas. “Ya hablaremos cuando vuelva de Galicia de vacaciones” contestó al portavoz de la familia. Lo que no sabía es que no saldría de Galicia con vida. En un semáforo un coche se avalanzó contra él, pero no murió. A los quince días de salir del hospital, un golpe certero del mismo coche acabó con Dionisio.

Juan García Legaz, Portavoz de la familia
En la parada de “Los Ángeles” en Getafe, Andrés había coincidido con otro camionero con el que estuvo charlando. Juan consigue localizar el número de teléfono de esta persona. Cuando llama, contesta su mujer explicándole que su marido había sido atropellado cuando bajó de su camión.

Testigos que pueden aportar luz sobre la desaparición de Juan Pedro son borrados del mapa de un plumazo. ¿Casualidad? A esto se suman las declaraciones de Juan García Legaz en el espacio televisivo “Crímenes sin Resolver” con Juan Rada:

Una red delictiva muy importante, que había detrás de todo esto, nos estuvo acosando telefónicamente para que no prosiguiéramos con nuestras indagaciones. Sabían que mientras no soltaran a su presa no había testigo alguno que pudiera denunciarles. Solicitamos la intervención de nuestros teléfonos, que se localizara a los titulares de furgonetas similares a la que se detuvo junto al camión y un montón de pesquisas más… Ni resultado ni ayuda alguna. …Estamos convencidos de que no ha muerto. Pero nunca retornará a su hogar por voluntad propia, salvo que lo encontremos. Cualquier psiquiatra sofrólogo sabe que, inyectándole determinados fármacos durante diez minutos, se olvida hasta de su nombre. Y en una semana, a base de sesiones de hipnosis, se le cambia su historial e ignora por completo quien fue su familia”.

Un año posterior al accidente y desaparición de Juan Pedro. En el mes de mayo, una mujer ciega iraní acompañada por un niño de diez u once años le pregunta a un profesor de autoescuela la dirección de la Embajada de Estados Unidos en Madrid. Éste no le da importancia hasta que ve las noticias y reconoce inmediatamente al niño de Somosierra. Se pone en contacto con las autoridades y con la familia de Juan Pedro. De nada sirvió, no se sabe por qué pero esta pista no se llegó a investigar nunca.

Ernesto Sáenz de Buruaga fue el primer presentador de
"Quién Sabe Dónde", uno de los programas de mayor
audiencia de los noventa dedicado a encontrar
personas desaparecidas. 
El 19 de Mayo de 1992, el programa “Quién sabe dónde” emitido primeramente en la 2 TVE presentado por Ernesto Sáenz de Buruaga, se dedica al caso del niño de Somosierra. El presentador narra el sueño de un empresario que prefiere no darse a conocer: 

“La víspera del accidente se despertó sobresaltado, había soñado con el accidente de un camión y con un niño que salía con la memoria perdida y que se situaba en un camino forestal junto a una valla. No le da mayor importancia pero cuando compra el periódico al día siguiente reconoce en la foto de Juan Pedro el niño de su sueño. Un año después, vuelve a soñar con este joven, en su sueño se le aparece Juan Pedro y le dice: “Búscame, porque me traslada una familia de gitanos que es la que me tiene en una cabaña”. No le da tampoco mayor importancia pero cuando pasan los días, decide ir al puerto de Somosierra, al lugar del accidente, a ver qué es lo que puede encontrar allí que por lo menos le tranquilice después de haber soñado esta historia. Va al puerto, patea el lugar del accidente y no encuentra nada. Cuando ya cree que tranquilo puede volver a su casa, se para en un bar en las inmediaciones de un puerto a tomar un café. Allí le pregunta al camarero: “Oiga, ¿no habrá por aquí un camino forestal con una valla donde pueda yo hacer unas fotos?”. Le dicen que efectivamente ese camino forestal existe y que está a muy pocos metros del accidente del camión. Vuelve de nuevo, ve el camino, ve la valla, se asusta y piensa que si sigue buscando hubiera encontrado también la cabaña a la que hacen alusión sus sueños. Por tanto, él mantiene que sus sueños le dicen que el niño está vivo, que alguien lo encontró después del accidente y que se lo han llevado fuera de España”.

A día de hoy no se sabe nada del paradero de Juan Pedro. Si sigue con vida, tendría casi cuarenta años y una vida y personalidad totalmente distinta a la de ese inocente niño de diez años vestido de comunión.



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Bibliografía y fuentes utilizadas:
http://www.crimenycriminologo.com/2012/03/el-nino-de-somosierra-el-caso-mas.html
http://www.ivoox.com/19-07-2014-martin-hernandez-el-caso-del-nino-audios-mp3_rf_3332715_1.html

Libro "Tras la huella del crimen" de Juan Rada.
Programa "Quién Sabe Dónde" 19/05/1992 https://www.youtube.com/watch?v=k4FaxnopQlY#t=1396
Programa "La Mañana de la 1" http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-manana/manana-caso-sin-resolver-del-nino-somosierra/2098289/

Programa "Mis enigmas favoritos" con Luis Mariano Fernández y Lorenzo Fernández https://www.youtube.com/watch?v=NQmRyYbEqcw

Agradecimientos a Juan Rada por su amabilidad e información cedida sobre este caso. Su web: http://www.juanrada.com  También a M. J. y J. A. Hernández de "Crimen y Criminólogo" por su cordial y atenta respuesta, su web: http://www.crimenycriminologo.com

 

 

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